Hay un mundo que va más lento. Hace años exploro lugares donde el silencio está hecho del sonido de las cosas que van a su propio ritmo. Frente al espacio vasto, vacÃo del hombre y de sus obras, pero lleno de luz, de aire y de sol, una porción de tiempo se repite. Como si existiera un único dÃa, las horas se aplanan. Estar cara a cara con la naturaleza, respirando el tiempo real, genera un vacÃo pletórico y mueve el alma a contemplarse a sà misma. Vuelvo con la sensación de estar dejando allá lo auténtico y espontáneo, y la vida cotidiana se me hace una falsedad.
Pinto para recordar y traer ese tiempo lento a nuestra dimensión distorsionada.